Paso 2. Utiliza el formato adecuado

Lo más normal es almacenar las fotos en JPEG. Se trata del mejor formato de compresión de la imagen con pérdida que optimiza la imagen respetando bastante la calidad de la misma. JPEG utiliza el modelo de color RGB, que es capaz de contener hasta un máximo de 256 colores, creando combinaciones entre los tres colores básicos: rojo, verde y azul. En ocasiones las fotos están en formato CMYK, que aunque contiene una mayor combinación de colores, añade información extra que probablemente seamos capaces de apreciar.

Otra ventaja de JPEG es que la mayoría de programas de edición fotográfica permiten comprimir la imagen a este formato estableciendo manualmente el porcentaje de calidad que deseamos mantener para la foto. Lo mejor es que fijemos un margen entre 75 y 85%, ya que si no la foto, aunque se reducirá significativamente de tamaño, perderá demasiada calidad.

El formato GIF limita las imágenes a una paleta 256 colores, por lo que si se trata de fotografías con mucho detalle, al guardarlas en este formato perderán demasiada calidad. Sin embargo, hay muchas imágenes, con colores planos y lisos, que son perfectas para reducirlas de tamaño guardándolas en formato GIF.

Una de las propiedades de este formato es la posibilidad de unir varias imágenes para crear una imagen animada. Los GIF animados se han extendido mucho en internet en los banners publicitarios, donde es fundamental que ocupen poco peso y se carguen rápido.

PNG es una buena alternativa al GIF, sobre todo para guardar las capturas de pantalla con mucha calidad, y es óptimo para imágenes con pocos colores (como los gráficos, logotipos o dibujos). Aunque este formato no permite hacer animaciones, comprime las imágenes mejor y con más calidad que GIF. Además, la mayoría de usuarios desconoce que GIF es un formato patentado, por lo que habría que pagar por utilizarlo, y sin embargo PNG es un estándar internacional recomendado por W3C.

Última modificación: miércoles, 30 de julio de 2008, 09:40